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Algas rojas de Chile: la ficonomía detrás de la carragenina y los hidrocoloides sostenibles

Jaime Zamorano, Director Técnico Gelymar

Jaime Zamorano, director técnico de Gelymar, escribió el capítulo 7 de Advances in Temperate Phyconomy (Springer, 2026), un análisis del sistema chileno de algas rojas: qué especies sostienen la industria, por qué las carrageninas de aguas frías son distintas y qué debe cambiar para que el modelo siga siendo viable.

Cuando se habla de carragenina, la conversación global suele mirar hacia el trópico. Sin embargo, existe una segunda historia —más fría, más austral y bastante menos contada— que ocurre en las costas de Chile. Es la historia que Jaime Zamorano, director técnico de Gelymar y biólogo marino con más de 30 años de experiencia en el estudio, cultivo y procesamiento industrial de algas, ha sistematizado en un nuevo capítulo académico publicado por Springer Nature.

El texto se titula Phyconomic Aspects of Red Seaweeds (Rhodophyta) from Cold and Temperate Regions Used as Raw Materials for Hydrocolloid Production (e.g., Agars and Carrageenans): Examples from Chile y forma parte del volumen Advances in Temperate Phyconomy: Algal Harvest and Cultivation in Globally Distributed Temperate Waters, editado por A. T. Critchley y colaboradores dentro de la serie Developments in Applied Phycology.

Para nosotros es una publicación con un valor doble: aporta una radiografía rigurosa de la industria en la que trabajamos desde hace más de 35 años y, al mismo tiempo, explica con datos por qué las algas rojas de aguas frías ocupan un lugar que ninguna otra materia prima puede reemplazar.

Qué es la ficonomía y por qué en Chile funciona distinto

El concepto de ficonomía (phyconomy) nació asociado al cultivo de algas a gran escala, principalmente en aguas tropicales. El capítulo introduce un matiz necesario: en regiones frías y templadas como Chile la actividad no se apoya en el cultivo masivo, sino en la recolección de poblaciones silvestres. Eso cambia por completo la ecuación biológica, económica y social.

Chile es uno de los pocos países que produce materias primas de alta calidad tanto para agares como para carrageninas. Mientras los agares provienen de algas cultivadas y silvestres, las carrageninas se obtienen casi exclusivamente de biomasa recolectada en el medio natural.

Las especies que sostienen la industria chilena

El capítulo ordena la producción nacional con cifras de Sernapesca correspondientes a 2024. Del lado de los agarófitos, Gracilaria chilensis concentra la actividad con 60.376 toneladas de desembarque artesanal, a las que se suman 11.267 toneladas registradas como acuicultura.

Entre los carragenófitos, dos especies dominan de forma clara:

  • Sarcothalia crispata: 24.331 toneladas
  • Sarcopeltis skottsbergii: 24.122 toneladas

Sarcothalia crispata

Sarcopelis Skottsbergii

 

 

 

 

 

 

 

 

Más atrás aparecen Mazzaella laminarioides, Chondracanthus canaliculatus, Chondracanthus chamissoi y Gelidium spp. En conjunto, entre 2014 y 2024 los desembarques totales de agarófitos y carragenófitos se han movido en un rango de 98.000 a 138.000 toneladas de peso húmedo al año: una estabilidad de tres décadas que el propio capítulo interpreta como señal de sostenibilidad del recurso.

La cosecha, además, sigue un patrón estacional muy marcado. Los peaks se concentran entre la primavera tardía del hemisferio sur —alrededor de octubre— y el otoño medio, con máximos en los meses de verano, entre diciembre y marzo.

Kappa-2 y lambda: lo que solo entregan las aguas frías

Aquí está, a nuestro juicio, el corazón técnico del trabajo. Las algas rojas de aguas frías evolucionaron produciendo tipos de carragenina que difieren estructuralmente de las tropicales, y esa diferencia se traduce directamente en funcionalidad.

La carragenina kappa-2 es un copolímero que combina propiedades de kappa e iota. Forma geles termorreversibles de elasticidad intermedia, entre el gel firme y quebradizo del kappa puro y el gel débil y elástico del iota. A diferencia de las mezclas comerciales de kappa e iota, los geles híbridos no presentan sinéresis, es decir, no exudan agua durante la gelificación. En aplicaciones lácteas interactúa con la caseína aportando estabilización y un mouthfeel característico; en cárnicos interactúa con las proteínas —particularmente la miosina—, mejorando la retención de agua, la jugosidad y la facilidad de corte.

La carragenina lambda, por su parte, no gelifica: aporta viscosidad alta, es soluble en frío y su comportamiento se ve menos afectado por la presencia de azúcares o sales. El dato relevante es que la mayor parte del lambda producido a nivel mundial proviene de especies chilenas.

El capítulo explica también el mecanismo biológico detrás: en la familia Gigartinaceae, el tipo de carragenina depende de la ploidía del talo. Los gametofitos producen carrageninas de la familia kappa y los tetrasporofitos, de la familia lambda. Un mismo recurso, dos productos funcionalmente distintos.

A esto se suma el rendimiento. S. skottsbergii alcanza cerca del 50% de carragenina sobre peso seco y S. crispata, cerca del 40%, frente al 20–25% habitual en otras fuentes industriales de carragenófitos.

Una cadena de valor con nombre y apellido

Uno de los aportes más singulares del capítulo es el análisis socioeconómico. En Chile, solo pescadores artesanales, buzos y recolectores de orilla registrados pueden extraer algas legalmente, bajo el marco de manejo sustentable de la Ley 21.651 de 2024.

Dependiendo del hidrocoloide, entre un 60% y un 80% del valor de exportación se paga directamente a estos recolectores, un contraste marcado con lo que reciben los cultivadores de algas en el trópico. Para las comunidades costeras, la recolección y venta de algas rojas secas funciona como una red de seguridad frente a la estacionalidad de otras pesquerías.

El capítulo consigna además una dimensión de género pocas veces documentada: la recolección intermareal de especies como Sarcothalia crispata y Mazzaella laminarioides tiene una participación femenina significativa, mientras que la extracción submareal de Sarcopeltis skottsbergii es realizada exclusivamente por hombres. En territorios aislados como el archipiélago de Chiloé, esta actividad es la que conecta economías locales con los mercados globales de ficocoloides.

Por qué este trabajo importa

La Corriente de Humboldt mantiene frías las aguas de toda la costa chilena y crea las condiciones que protegen esta biomasa macroalgal. Sobre esa base natural se construyó una industria con historia, diversidad de especies y un impacto social real en las comunidades que la sostienen.

El capítulo de Jaime Zamorano pone ese sistema completo sobre la mesa —biología, química, economía y territorio— y deja una idea clara: la innovación, el manejo responsable y las políticas integradas de ecosistemas marinos definirán el futuro de esta industria en Chile. Es exactamente la conversación que como Gelymar queremos ayudar a sostener.

FICHA DE LA PUBLICACIÓN

Zamorano, J. (2026). Phyconomic Aspects of Red Seaweeds (Rhodophyta) from Cold and Temperate Regions Used as Raw Materials for Hydrocolloid Production (e.g., Agars and Carrageenans): Examples from Chile. En A. T. Critchley et al. (eds.), Advances in Temperate Phyconomy: Algal Harvest and Cultivation in Globally Distributed Temperate Waters. Developments in Applied Phycology, vol. 16. Springer Nature Switzerland, pp. 131–142. DOI: 10.1007/978-3-032-28281-